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Alberto de Rosa, Opinión

Los ciudadanos marcan el camino

28 abril, 2021 • By

La contratación de seguros de salud ha crecido de modo sostenido en la última década. Casi trece millones de ciudadanos en España (12.802.665 para ser exactos) tiene ahora mismo uno en nuestro país, según ICEA, el Servicio de Estudios del Sector Asegurador Español, encargado de realizar y publicar todas sus estadísticas. El número de seguros de salud ha crecido un 3,34% solo en el último año y el crecimiento medio anual desde 2015 ha sido del 3,51%. Y son estos datos los que me llevan a compartir en esta nueva entrada de este blog algunas de mis reflexiones. 

La primera es que el sector del aseguramiento privado no está sufriendo los avatares de la crisis provocada por esta pandemia. Y a las cifras me remito. Más bien, el Covid ha ratificado una dinámica que ya sorprendió a muchos en la crisis de 2008 y que ahora se ha confirmado: para la gente, participar y tomar decisiones sobre la gestión de la salud es algo prioritario. No solo no consideran un seguro de salud como un privilegio ni un bien de lujo, sino como una necesidad. Independientemente de su nivel de renta, el ciudadano lo valora como algo cada vez más necesario.

Aquellos que critican a la Sanidad privada e intentan enfrentarla a la Sanidad pública vuelven a demostrar un desconocimiento absoluto de la sociedad actual. Siguen pensando en los mismos términos estatalistas de sus abuelos, y utilizan frases hechas y los tópicos de siempre, en lugar de darse cuenta de que vivimos en una época en la que los ciudadanos tienen criterios, prioridades y anhelos diferentes. Estoy seguro de que los 12.802.665 de personas que han decidido sacarse un seguro de salud tienen en muy alta consideración a la Sanidad pública. Tenemos la inmensa fortuna de vivir en un país con valores profundos, en el que a nadie se deja atrás para recibir cualquier tipo de tratamiento en la Sanidad pública. Pero también creo que, a pesar de esa excelente consideración que tenemos todos, sobre todo del carácter social del sistema y de los grandes centros sanitarios públicos de referencia, todos estos ciudadanos están dispuestos a hacer un copago para tener la tranquilidad de que, pase lo que pase, van a ser atendidos. Y además, rápido, y con calidad.

Y esto ¿por qué sucede? 

En primer lugar, porque durante las últimas décadas, el seguro de salud ha profundizado en el tipo de servicio que ofrece y ha mejorado la gestión propia y la oferta de servicios y prestaciones a los ciudadanos. Además, en comparación con otros países de nuestro entorno, el seguro de salud en España tiene calidad y es accesible para amplias capas de la sociedad. Y lo confirman los datos que daba al comienzo de mi reflexión. Esto, junto con la accesibilidad y la buena calidad de la atención sanitaria prestada, han convertido el seguro de salud en un servicio que los ciudadanos quieren. Porque saben, además, que es compatible con la atención que les corresponde en la Sanidad pública. Es complementario. 

En segundo lugar, creo que los ciudadanos cada vez aprecian más tener una alternativa privada, complementaria al sistema público, porque se dan cuenta de que este adolece de problemas organizativos, burocráticos y de gestión desde la propia administración, ya que existen problemas de accesibilidad, graves listas de espera, falta de motivación de sus profesionales y obsolescencia en el equipamiento tecnológico en muchos centros sanitarios. Y, sin duda, el Covid ha empeorado esos problemas y lo seguirán haciendo en el corto y medio plazo.

Puedo ponerles un ejemplo que conozco bien. Tras el paso a la gestión pública directa del Hospital de La Ribera, el número de seguros de salud en esta comarca de la Comunidad Valenciana ha aumentado de manera exponencial. Cuando los ciudadanos han sufrido una pérdida real en la calidad del servicio que reciben, con respecto a antes de la reversión, buscan la alternativa en el sector privado, para que le garantice una atención rápida, de calidad y segura. 

Pero además creo firmemente que los seguros de salud son importantes como complemento o ayuda al mantenimiento del sistema público, al tiempo que son una garantía de acceso a determinadas prestaciones a las que nuestro sistema no llega. La Sanidad privada y los seguros de salud juegan un papel clave y que, además, es bueno para el sistema, porque actúa como un copago libre que creo que debería ser fomentado por el propio Gobierno, con algún tipo de desgravación fiscal.

Soy un firme defensor de la libertad de elección tanto en la Sanidad como en la Educación. Los ciudadanos queremos participar y decidir sobre cómo gestionar nuestra salud o la educación de nuestros hijos. Porque se ha demostrado que es mucho mejor para todos incentivar esas libertades antes que restringirlas. Incluso el Gobierno actual ha apostado por esta modalidad al poner sobre la mesa incentivos para retrasar la edad de jubilación. ¿Por qué no hacerlo en la Sanidad? Estas son medidas eficaces para favorecer un buen uso de los recursos públicos. 

Quiero terminar señalando que la libertad de elección lleva ya muchos años siendo una realidad también en la Función pública. En Muface, los funcionarios pueden elegir si quieren ser atendidos en centros públicos o privados (la mayoría eligen privados, por cierto). El futuro pasa por hacer más protagonistas a las personas en la toma de decisiones sobre su salud. 

PD. La semana pasada, el Congreso de los Diputados aprobó una Proposición No de Ley (PNL) por la que se solicita al Gobierno que se extienda la gestión directa a todo el sistema público, sin contemplar otras fórmulas. Esta PNL fue aprobada por un solo voto. Hay gente que ha pedido mi opinión y no quiero generar grandes polémicas porque el tema está claro. Hace ya años el Tribunal Constitucional dejó claro que la Constitución ampara tanto la gestión privada o indirecta como la gestión directa. Así que nadie, tampoco a través de una PNL, puede limitar los modelos de gestión existentes, porque es lo mismo que atacar a la Constitución, pese a que vivimos un momento en el que algunos se empeñan en atacar este texto, para cambiar el marco jurídico español. Por tanto, como dice la Constitución, todos los modelos de gestión son válidos y estas polémicas tienen una vida corta. Yo estoy con la Constitución de 1978, que nos ha dado la etapa de prosperidad y concordia más larga de nuestra historia. ¿Y tú?


Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

Poner apellidos en la Sanidad es un error

28 enero, 2021 • By

Esta es la primera entrada al blog de este 2021 y aunque la mayoría teníamos la esperanza de que el año hubiera empezado mejor, lo cierto es que esta pandemia nos lo está poniendo difícil. Como ha descrito muy acertadamente la presidenta del Colegio de Médicos de Valencia, esto no es una ola, es una pared vertical. 

Y yo añado: es imposible afrontar un reto como el de esta pandemia sin orden ni planificación ni una correcta gestión por parte de nuestras autoridades que, además, siguen sin contar con los clínicos para tomar las decisiones. Parece que tienen más peso algunos debates públicos que la muerte de cientos de personas cada día, el terrible dato que estamos sufriendo en las últimas semanas.

Casi un año después del inicio de esta crisis sanitaria, social y económica sin precedentes, nuestros dirigentes continúan sin creerse la importancia de sumar y aunar esfuerzos y reforzar la coordinación entre los recursos públicos y privados. Una vez más, parece que prefieren poner camas en el hall de los hospitales, en las capillas o los pasillos de Urgencias en lugar de sentarse y planificar conjuntamente con todos los agentes de la Sanidad la mejor forma de atender a los pacientes Covid, pero también a los no Covid que no pueden o no deberían esperar más. Es importante recordar que, tras un año de pandemia, las listas de esperas son insoportables en muchos hospitales. Estamos hablando de la salud de las personas.

Tengo la sensación a veces de que poner un paciente en una cama de hospital privado se valora menos que ponerlo en la cafetería de un hospital público. Y me resulta inaudito que alguien puede siquiera cuestionarse qué es mejor para ese paciente. 

Este tipo de situaciones son las que, en mi opinión, nos tiene que hacer reflexionar sobre lo que no se está haciendo bien por parte del sector pero también de la sociedad en general, sobre todo si dejamos que ocurran estas cosas que no deberían ocurrir. Ni siquiera tendrían que plantearse. No se pueden cerrar los ojos ante situaciones que no tienen excusa. Por no hablar de los hospitales de campaña que se han puesto en marcha en la Comunidad Valenciana y que no me voy a extender en criticar. Solo hace falta oír lo que han dicho los pobres pacientes que estuvieron ingresados allí. Pero la conclusión es que, por desgracia, nuestros gobernantes llevan un año tomando decisiones tarde y mal, invirtiendo en chapuzas que no mejoran la atención sanitaria de los ciudadanos ni el trabajo de los profesionales y malgastando y despreciando recursos que el sector privado ha puesto a su disposición desde el principio.

Y enlazo esa predisposición de la Sanidad privada y de sus profesionales con otro gesto de desprecio a este colectivo, tan profesional y vocacional como el que trabaja en los centros públicos. Me refiero al proceso de vacunación. No hace falta ser un experto en la materia ni gestionar un grupo sanitario para darse cuenta de que ni la organización, ni la logística de la vacunación está siendo buena por parte de las autoridades competentes. Y me sorprenden muchas cosas: desde la falta de previsión hasta la nefasta planificación y distribución de la vacuna, que en algunos puntos se malgaste una dosis por falta de agujas adecuadas y otras tantas cosas más. Pero me vuelve a sorprender, además, que se margine en el proceso de vacunación a los profesionales de la Sanidad privada, como si ellos no atendieran a pacientes Covid (y no Covid, que puede que estén contagiados cuando acuden a una consulta y no lo saben). Al menos, ha habido colegios de médicos que han exigido en los juzgados la vacunación de estos profesionales y tras concedérselo, los gobiernos lo han asumido como obligación… pero poniéndoles casi en el último lugar. Es inaudito. Todos los profesionales sanitarios, da igual dónde desempeñen su labor, son igual de valiosos. Hoy y siempre. Pero especialmente en el contexto de este virus. En una pandemia poner apellidos a la Sanidad es un gravísimo error.

E insisto en una idea fundamental. Tenemos que concentrar todo el esfuerzo en dos vías: garantizar la correcta atención sanitaria a todos los pacientes Covid y no Covid; y dar un impulso definitivo a la vacunación. Hay casos de éxito y ejemplos de unión de esfuerzos, recursos, personal e infraestructuras que han dado como resultado un porcentaje de vacunación muy elevado de la población, por ejemplo, Israel. 

Estamos a tiempo de reconducir 2021 y darle la vuelta  a unas previsiones que, a día de hoy no son optimistas. Pero yo quiero decir fuerte… ¡Entre todos, lo conseguiremos!


Opinión

Quiero un país de ‘Amancios Ortegas’

23 mayo, 2019 • By

Las estrategias y los modos de quienes dirigen la política social y sanitaria de España apenas han cambiado en las últimas décadas, pero nuestra sociedad sí que lo ha hecho. Y, cuando tensas demasiado una estructura que ya es bastante rígida de por sí, puede romperse. Con 30 años de experiencia en la gestión sanitaria todavía me sigue sorprendiendo la superficialidad de muchos políticos al abordar temas tan complejos como la sanidad, el futuro de nuestras pensiones o la educación. Con el paso del tiempo, uno cree que lo ha visto y oído ‘todo’, hasta los planteamientos más absurdos como el que acaba de hacer un grupo político con respecto a las donaciones del dueño de Inditex, Amancio Ortega. Un argumento que, desde mi punto de vista, ha cruzado cualquier línea roja que será difícil de superar (aunque no pondría la mano en el fuego).READ MORE


Opinión

Por responsabilidad, por transparencia y por buen gobierno

18 julio, 2017 • By

Desafortunadamente, estamos viviendo un momento en el que hay discursos de determinados colectivos que pretenden influir sobre la opinión pública difundiendo todo tipo de argumentos contrarios a la colaboración público privada con tal de suprimirla o revertirla. Poco o nada importa que en sanidad, el modelo de gestión desarrollado por Ribera Salud facilite la equidad en el acceso a los servicios sanitarios, como tampoco se valora su eficiencia, su calidad asistencial, el ahorro que supone, o el grado de satisfacción de nuestros ciudadanos. Como intrascendente parece también el futuro de los trabajadores de los centros gestionados bajo este tipo de colaboración, en caso de volver a la gestión directa tradicional.READ MORE


Opinión

¿Cuánto tiempo más tengo que esperar?

3 julio, 2017 • By

Los últimos datos autonómicos recopilados por el Gobierno demuestran un nuevo empeoramiento de los tiempos de espera quirúrgica en el Sistema Nacional de Salud y, de nuevo, lamento que la lista de espera quirúrgica del Sistema Nacional de Salud (SNS) vuelva a ser catastrófica. Según las últimas cifras del Ministerio de Sanidad publicadas la semana pasada, el tiempo medio de espera para poder operarse en el Sistema Nacional de Salud alcanza ya los 115 días, cuando seis meses antes era de 83. Si lo comparamos por comunidades autónomas, las diferencias entre unas y otras son abismales, pasando de los 182 días de Canarias o los 173 de Cataluña, a los 115 de la Comunidad Valenciana, a los 50 días del País Vasco, 49 de La Rioja o los 33 y 39, respectivamente, de Melilla y Ceuta.READ MORE