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Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

El reto de la transformación digital

17 septiembre, 2020 • By

Basándome en mi intervención durante el I Simposio Observatorio de la Sanidad, organizado por el diario El Español el pasado 10 de septiembre, me gustaría compartir aquí algunas de las reflexiones que tuve la oportunidad de hacer en este interesante foro, concretamente en la mesa dedicada a la transformación digital.

Cuando hablamos de transformación digital, del sistema sanitario y de los retos a los que nos enfrentamos, tenemos que hacer un diagnóstico que va más allá de esta crisis originada por el COVID.

Las macrotendencias del sector Salud están ahí. Tenemos una sociedad cada vez más envejecida, y hablamos de la cronicidad de enfermedades precisamente como consecuencia de ese envejecimiento de la población. Además, hay otros tres elementos o factores que debemos saber orientar en la dirección adecuada o reconducir, para garantizar la sostenibilidad y calidad de nuestro sistema sanitario. Me refiero a la introducción de nuevas tecnologías sanitarias y de la información, la escasez de profesionales sanitarios y la inadecuación de la formación y experiencia de los profesionales sanitarios actuales a la demanda que ya hoy tiene la sociedad.

Empecemos por el principio, por el eje que debería guiar el presente y el futuro de nuestra Sanidad. La transformación digital tiene que ser la palanca del sistema.

Además, cuando hablamos de envejecimiento de la población deberíamos poner sobre la mesa cómo vamos a articular el espacio sociosanitario que tan tensionado ha estado (y está) en esta pandemia. Pero no tenemos que quedarnos ahí, ni conformarnos. Hay que buscar soluciones.

Las residencias deberían tener una mayor coordinación con el sistema sanitario, que permita a los profesionales hacer un seguimiento de los residentes, sobre todo por parte de los profesionales de Atención Primaria. Las residencias no tienen que ser mini hospitales, pero el Sistema Sanitario sí que debe crear los mecanismos que permitan hacer un seguimiento exhaustivo de la salud de nuestros mayores, que son las personas más frágiles de la sociedad y anticiparse a los riesgos.

Al abordar la cronicidad de muchas enfermedades, en gran parte por ese envejecimiento de la población y también por el gran avance en los tratamientos, es fundamental hablar de integración de los diferentes niveles asistenciales: desde la atención primaria a la hospitalaria, pasando por la sociosanitaria y la atención domiciliaria. Todos los actores del sistema tenemos que compartir una visión común y plantear estrategias de acción comunes.

Porque de lo que no cabe duda es de que vamos hacia un modelo más predictivo y preventivo. Es importante ir por delante de las circunstancias, adelantarnos a los problemas de salud de los ciudadanos, prever la evolución de su enfermedad… Y en ese sentido, la atención primaria tiene que jugar un papel fundamental en el sistema. Porque vamos hacia un sistema que además de curar tiene que cuidar y acompañar a las personas en todas las etapas de su vida.

¿Y cuál debe ser el nuevo rol de los profesionales en este modelo? A través de estos procesos de transformación digital en los que estamos trabajando todas las organizaciones del sector, tenemos que facilitar al profesional que se desligue de las tareas más burocráticas y se centre en lo que más valor genera al ciudadano, que es una mejor atención, y también le reporta a él más satisfacción y reconocimiento. Y para ello, debemos salir del concepto de hospital tradicional para acercarnos al domicilio, trabajando de la mano de la atención primaria, y de esta forma, ver la Sanidad de otro modo, con una visión más holística.

Para afrontar estos problemas y facilitar nuevas soluciones la transformación digital es una plataforma fundamental y un aliado del cambio en el modelo de salud, más allá del COVID.

Y estos cambios y la necesaria evolución del sector tienen un único objetivo: la ciudadanía. Porque las personas van a jugar un papel protagonista en esta transformación. Si alguien nos hubiera dicho el 1 de marzo que íbamos a estar en cuarentena no solo nosotros, también nuestras empresas y el mundo entero, y que íbamos a ser capaces de adaptar nuestras organizaciones a trabajar desde casa en apenas 15 días, no nos lo hubiéramos creído. Pero fuimos capaces de hacer eso y mucho más, organizaciones y personas. Y esto nos tiene que dar esperanza, porque el protagonismo de esta transformación la tiene que asumir el ciudadano.

Algunos dicen que no hay cultura digital en la población… Es posible que no sepamos cómo funcionan los componentes internos de un móvil o un ordenador. Pero todos sabemos que si queremos llegar a una ubicación, saber el tiempo que va a hacer o estar en comunicación con nuestro seres queridos, el móvil, la tecnología en definitiva, es indispensable. Y eso también es cultura digital. Sin ella, no habríamos sobrevivido.

Creo firmemente además que esta transformación digital va a empoderar al ciudadano, haciéndolo aún más protagonista de su propia gestión de la salud, y transformando el sistema en uno más democrático, abierto y eficiente.

La tecnología, además, nos hace más transparentes, y eso genera confianza. Y dentro del concepto británico de responsabilidad (accountability, rendición de cuentas) la digitalización es clave, porque la transparencia nos hace más responsables.

Con todo ello, tenemos que ser capaces de hacer más cosas y también mejores cosas.

No podemos olvidarnos de que la transformación digital ayuda a las estrategias a largo plazo en el sistema de Salud, y esto me gustaría unirlo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, donde el objetivo 3 es Salud y Bienestar. Creo que son estos conceptos hacia los que tenemos que ir todos los agentes que trabajamos en el sistema. Pero además, el objetivo 17 es la alianza entre instituciones. Y yo añado, entre instituciones públicas y privadas. Porque el objetivo es erradicar la pobreza y generar bienestar a nuestros ciudadanos y no hay que anteponer a estos grandes objetivos matices, posicionamientos políticos o caprichos personales que puedan suponer un obstáculo para alcanzar estos objetivos en todo el planeta.

En estas jornadas se están poniendo de relieve que la innovación va vinculada a la colaboración público privada, donde podemos encontrar a la industria farmacéutica, las grandes compañías del sector sanitario que participan en este simposio y a las instituciones. Todos tenemos que trabajar en objetivos comunes, hablar de nuevos modelos de relación entre el pagador, ya sea público (como el Estado o las comunidades autónomas) o privado (como las compañías de seguros), y los proveedores de todo tipo (industria, farmacia, hospitalarios y profesionales) y, además, replantear la relación del financiador con el ciudadano. Tiene que surgir una nueva relación. Debemos poner sobre la mesa la necesidad de compartir estrategias y planes, y cambiar la relación avanzando hacia modelos de riesgos compartidos, para que entendamos la misión de todos.

Y acabo con una reflexión sobre esta crisis sanitaria del COVID, que nos acompaña hace ya seis meses, y que se prevé siga con nosotros algún tiempo. Se ha demostrado que ante una crisis de esta magnitud tendríamos que haber trabajado aún más juntos, con más sinergias de lo que lo hemos hecho hasta ahora… Espero que hayamos aprendido la lección y que todos seamos conscientes de que sin sumar, sin trabajar de forma consensuada, vamos a tener muchas dificultades para superar esta situación, no solo en el ámbito sanitario sino también social y empresarial. Esta es la lección más importante que debemos quedarnos de la pandemia.


Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

Queremos un observatorio sanitario independiente

22 octubre, 2014 • By

Siempre que tengo ocasión, en mis intervenciones en los medios de comunicación, en las conversaciones con colegas del sector, en los foros y debates donde participo, lo digo: es necesario que haya más transparencia en los datos que ofrecemos a la opinión pública, tanto desde el sector público como desde el privado. Y para ello es prioritario la creación de un observatorio externo independiente que analice y compare los resultados en salud, la calidad asistencial, las listas de espera, y que genere información pública y accesible a toda la población y contribuya con nuevos enfoques a la sostenibilidad y mejora de la calidad de la asistencia sanitaria.

Es una idea recurrente que se ha vuelto a poner sobre la mesa en dos interesantes jornadas a las que he sido invitado a participar. Por un lado, aplaudo la iniciativa de Ignacio Para y la Fundación Bamberg para convocar, bajo el sugerente título de ‘El Renacimiento de la Sanidad’, a un grupo de expertos para debatir desde el sosiego y aportar propuestas de mejora. Por otro lado, felicito a ESADE, al Foro PPP y a Kreab Gavin Anderson por la excelente jornada que organizaron bajo el título ‘Los beneficios de la colaboración público-privada para la sociedad: hacia un nuevo marco relacional’.

En ambos encuentros quise dejar claro que nadie cuestiona nuestro excelente sistema sanitario, pero que es necesario debatir sobre áreas de mejora en su forma de gestión porque en estos momentos, tanto en España como en los países de nuestros entorno a los que debemos aspirar a parecernos, las empresas privadas contribuyen a la innovación y forman parte de proyectos pioneros que ponen a disposición de la Administración y se desarrollan con éxito.

Os dejo el resumen de mi intervención, el pasado 22 de septiembre, en el Ateneo de Madrid. Espero que os guste.

“Creo que sí que hace falta de hablar del renacimiento de la sanidad. Porque en verdad, si dividiéramos la situación en pre-crisis, crisis y pos-crisis tendríamos este escenario: en la precrisis ha habido una gran inflación en la construcción de infraestructuras y un considerable aumento en el número de profesionales, que probablemente era necesario. Además de un aumento del gasto muy por encima del incremento del producto interior bruto.

Si analizamos los primeros datos de la crisis, y contemplo este período desde el 2010 con un gobierno y a partir del 2012 con otro gobierno, fundamentalmente la contención de gastos se ha producido en dos partidas, en inversión y en gasto farmacéutico, que son las principales áreas que han tenido durante estos años importantes recortes. Y ello se ha traducido en un empeoramiento de las condiciones generales del sistema, tanto para los ciudadanos en términos de listas de espera, como para los profesionales en términos de condiciones de trabajo. Y ahora que parece que estamos saliendo de la crisis, hay que decir que lo hacemos en peores condiciones que las que teníamos cuando entramos.

Creo que se está produciendo una cierta desafección de los ciudadanos y de  los profesionales. Y así lo demuestra la última encuesta realizada por el CIS. Porque tenemos un sistema que empieza a estar descapitalizado por estas importantes disminuciones de las inversiones durante todo este período de la larga crisis. Sin embargo, deberíamos tener un compromiso con la sociedad de mejora de los servicios y de adaptación a las necesidades reales del ciudadano que tenemos hoy. No debemos desaprovechar este momento para introducir las reformas porque, queramos o no, los costes van a ir a más.

Además, tenemos que hacerlo cumpliendo nuestros compromisos como país. Porque la única reforma constitucional que ha habido en España ha sido para comprometernos con nuestros socios europeos a cumplir el déficit. Creo que ahí sí que ha habido unión entre los partidos para hacer frente a un momento delicado como país y debemos cumplir nuestros compromisos ante nuestros socios europeos. A todos los partidos aquí representados y a personalidades tan importantes de nuestro sector, es el momento de reflexionar, es el momento de acordar.

Creo que eso es lo que queremos los ciudadanos de España. Que haya reflexión y que haya acuerdo. Y que no que haya un retroceso en el debate intelectual que es lo que se está produciendo en este país en estos momentos. No se trata de ver quién aporta la solución más fácil y más vendible. Se trata de portarse con los ciudadanos como adultos. El Informe Abril fue un buen ejemplo y considero que sería un buen momento para recuperarlo. Y, desde luego, hemos de volver a pensar y debe ser el centro de toda la reflexión, que el ciudadano quiere que el sistema funcione bien. Y, desde luego, quiere que tanto los políticos como los gestores estemos a la altura de lo que ellos se merecen”.