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Alberto de Rosa

Alberto de Rosa, Opinión

Los ciudadanos marcan el camino

28 abril, 2021 • By

La contratación de seguros de salud ha crecido de modo sostenido en la última década. Casi trece millones de ciudadanos en España (12.802.665 para ser exactos) tiene ahora mismo uno en nuestro país, según ICEA, el Servicio de Estudios del Sector Asegurador Español, encargado de realizar y publicar todas sus estadísticas. El número de seguros de salud ha crecido un 3,34% solo en el último año y el crecimiento medio anual desde 2015 ha sido del 3,51%. Y son estos datos los que me llevan a compartir en esta nueva entrada de este blog algunas de mis reflexiones. 

La primera es que el sector del aseguramiento privado no está sufriendo los avatares de la crisis provocada por esta pandemia. Y a las cifras me remito. Más bien, el Covid ha ratificado una dinámica que ya sorprendió a muchos en la crisis de 2008 y que ahora se ha confirmado: para la gente, participar y tomar decisiones sobre la gestión de la salud es algo prioritario. No solo no consideran un seguro de salud como un privilegio ni un bien de lujo, sino como una necesidad. Independientemente de su nivel de renta, el ciudadano lo valora como algo cada vez más necesario.

Aquellos que critican a la Sanidad privada e intentan enfrentarla a la Sanidad pública vuelven a demostrar un desconocimiento absoluto de la sociedad actual. Siguen pensando en los mismos términos estatalistas de sus abuelos, y utilizan frases hechas y los tópicos de siempre, en lugar de darse cuenta de que vivimos en una época en la que los ciudadanos tienen criterios, prioridades y anhelos diferentes. Estoy seguro de que los 12.802.665 de personas que han decidido sacarse un seguro de salud tienen en muy alta consideración a la Sanidad pública. Tenemos la inmensa fortuna de vivir en un país con valores profundos, en el que a nadie se deja atrás para recibir cualquier tipo de tratamiento en la Sanidad pública. Pero también creo que, a pesar de esa excelente consideración que tenemos todos, sobre todo del carácter social del sistema y de los grandes centros sanitarios públicos de referencia, todos estos ciudadanos están dispuestos a hacer un copago para tener la tranquilidad de que, pase lo que pase, van a ser atendidos. Y además, rápido, y con calidad.

Y esto ¿por qué sucede? 

En primer lugar, porque durante las últimas décadas, el seguro de salud ha profundizado en el tipo de servicio que ofrece y ha mejorado la gestión propia y la oferta de servicios y prestaciones a los ciudadanos. Además, en comparación con otros países de nuestro entorno, el seguro de salud en España tiene calidad y es accesible para amplias capas de la sociedad. Y lo confirman los datos que daba al comienzo de mi reflexión. Esto, junto con la accesibilidad y la buena calidad de la atención sanitaria prestada, han convertido el seguro de salud en un servicio que los ciudadanos quieren. Porque saben, además, que es compatible con la atención que les corresponde en la Sanidad pública. Es complementario. 

En segundo lugar, creo que los ciudadanos cada vez aprecian más tener una alternativa privada, complementaria al sistema público, porque se dan cuenta de que este adolece de problemas organizativos, burocráticos y de gestión desde la propia administración, ya que existen problemas de accesibilidad, graves listas de espera, falta de motivación de sus profesionales y obsolescencia en el equipamiento tecnológico en muchos centros sanitarios. Y, sin duda, el Covid ha empeorado esos problemas y lo seguirán haciendo en el corto y medio plazo.

Puedo ponerles un ejemplo que conozco bien. Tras el paso a la gestión pública directa del Hospital de La Ribera, el número de seguros de salud en esta comarca de la Comunidad Valenciana ha aumentado de manera exponencial. Cuando los ciudadanos han sufrido una pérdida real en la calidad del servicio que reciben, con respecto a antes de la reversión, buscan la alternativa en el sector privado, para que le garantice una atención rápida, de calidad y segura. 

Pero además creo firmemente que los seguros de salud son importantes como complemento o ayuda al mantenimiento del sistema público, al tiempo que son una garantía de acceso a determinadas prestaciones a las que nuestro sistema no llega. La Sanidad privada y los seguros de salud juegan un papel clave y que, además, es bueno para el sistema, porque actúa como un copago libre que creo que debería ser fomentado por el propio Gobierno, con algún tipo de desgravación fiscal.

Soy un firme defensor de la libertad de elección tanto en la Sanidad como en la Educación. Los ciudadanos queremos participar y decidir sobre cómo gestionar nuestra salud o la educación de nuestros hijos. Porque se ha demostrado que es mucho mejor para todos incentivar esas libertades antes que restringirlas. Incluso el Gobierno actual ha apostado por esta modalidad al poner sobre la mesa incentivos para retrasar la edad de jubilación. ¿Por qué no hacerlo en la Sanidad? Estas son medidas eficaces para favorecer un buen uso de los recursos públicos. 

Quiero terminar señalando que la libertad de elección lleva ya muchos años siendo una realidad también en la Función pública. En Muface, los funcionarios pueden elegir si quieren ser atendidos en centros públicos o privados (la mayoría eligen privados, por cierto). El futuro pasa por hacer más protagonistas a las personas en la toma de decisiones sobre su salud. 

PD. La semana pasada, el Congreso de los Diputados aprobó una Proposición No de Ley (PNL) por la que se solicita al Gobierno que se extienda la gestión directa a todo el sistema público, sin contemplar otras fórmulas. Esta PNL fue aprobada por un solo voto. Hay gente que ha pedido mi opinión y no quiero generar grandes polémicas porque el tema está claro. Hace ya años el Tribunal Constitucional dejó claro que la Constitución ampara tanto la gestión privada o indirecta como la gestión directa. Así que nadie, tampoco a través de una PNL, puede limitar los modelos de gestión existentes, porque es lo mismo que atacar a la Constitución, pese a que vivimos un momento en el que algunos se empeñan en atacar este texto, para cambiar el marco jurídico español. Por tanto, como dice la Constitución, todos los modelos de gestión son válidos y estas polémicas tienen una vida corta. Yo estoy con la Constitución de 1978, que nos ha dado la etapa de prosperidad y concordia más larga de nuestra historia. ¿Y tú?


Alberto de Rosa, Opinión

Tres retos para el sistema sanitario

15 marzo, 2021 • By

Me gustaría aprovechar este blog para reflexionar y aportar mi visión públicamente sobre la pospandemia. Sabéis, los que seguís estas entradas al blog, que me gusta reflexionar y analizar la actualidad con frecuencia, para intentar anticiparme y tomar las mejores decisiones para mi organización, para los grandes profesionales que trabajan en ella y, sobre todo, para los ciudadanos y su atención sanitaria. Por eso, basándome en mi análisis de los problemas y retos actuales de los sistemas sanitarios, me gustaría explicar por qué pienso que el impacto del Covid va a perdurar en el medio y largo plazo.

Creo que hay sectores como el turismo, la hostelería y el ocio que, aunque llevan un año muy duro, con cierres y limitaciones horarias y de aforo, tendrán una salida rápida de la crisis. Si han conseguido sobrevivir a este año de pandemia sin vacunas, aunque desgraciadamente muchos no, es muy probable que sean capaces de recuperar su fuerza e importancia para la economía española en pocos meses, en cuanto se normalice la producción y distribución de las vacunas contra el Covid, se relajen o eliminen las limitaciones y los ciudadanos se sientan más seguros. En otros sectores, como el industrial, la recuperación puede tardar algo más, porque primero tiene que reactivarse el consumo. Pero si nuestros dirigentes aprovechan bien el impulso de fondos europeos, podremos lograr que superen la crisis e, incluso, permitan una verdadera política industrial que fortalezca las industrias que hace un año no creíamos tan necesarios. 

Pero no tengo ninguna duda de que esta pandemia va a dejar muchas secuelas en los sistemas sanitarios de todo el mundo, en el medio y el largo plazo. Ha quedado demostrado que aunque el Covid ha limitado la movilidad entre los países, la globalización es una realidad y seguirá siéndolo después de esta crisis sanitaria. Y, por tanto, los problemas de muchos son y se convertirán en los problemas de todos, a pesar de la miopía de quienes piensan en España como la única realidad que existe, ignorando que vivimos en un mundo abierto.

Y ¿por qué digo que vamos a convivir con las consecuencias de esta pandemia en el medio y largo plazo? Voy a explicarlo de manera muy esquemática. Hay tres elementos que van a generar una presión sobre los sistemas sanitarios que será insoportable, si no le ponemos remedio.

  1. El aumento de los costes. Y me refiero no solo en el corto plazo, por la necesidad de contratar más personal para reforzar servicios, cubrir bajas, comprar vacunas, material de protección para los profesionales, pruebas Covid para los pacientes, etc. También por las propias secuelas no conocidas de esta enfermedad. Los profesionales sanitarios alertan, después de un año, de secuelas neurológicas, psicológicas pero también físicas y que afectan a órganos y sistemas como el respiratorio, y que van a perdurar y a ejercer una presión sobre la Sanidad, que se alargará más allá del corto plazo. De hecho, creo que aún no conocemos todas las consecuencias del virus y el impacto en la salud física y emocional de la población por esta enfermedad.
  2. El agravamiento de las listas de espera quirúrgicas. Vivimos las peores listas de espera en la Sanidad pública de España, pero también en otros países. Se han dedicado todos los recursos a la urgencia de la pandemia y se han pospuesto intervenciones que han generado un retraso, aún mayor del que había, en las esperas de los pacientes. Eso, además, va a ser complicado recuperar sin colaboración de la Sanidad privada. Porque creo que seguiremos viviendo “olas pandémicas”, que no serán de la misma intensidad que las actuales, pero que en determinadas épocas del año supondrán tal presión asistencial que obligarán a aplazar temporalmente intervenciones y consultas para atender urgencias, como ocurría hasta ahora en ocasiones con la gripe común. De tal forma que si las listas de esperan eran un problema, ahora lo serán aún más. Además, ya estamos viendo que estas listas de espera generan intervenciones más complejas, con peor pronóstico y una recuperación más lenta, con todo el impacto en bienestar y coste que ello genera.
  3. El retraso en los diagnósticos y tratamientos. Nuestro jefe de Urgencias en el Hospital Ribera Povisa, Ángel Martín Joven, lo definía muy bien hace unos días, en una entrevista en La Voz de Galicia: “Hay una pandemia oculta, sobre todo entre las personas mayores, que no vienen a Urgencias por miedo al coronavirus. Y le quitan importancia a un dolor torácico, por ejemplo, que luego comprobamos que ha sido un infarto y que podríamos haber tratado si hubiera acudido al hospital”. Esta es la otra realidad de la pandemia. Hemos detectado, hace meses, que muchos pacientes no acuden a las revisiones, a los chequeos de salud, a pruebas diagnósticas y a Urgencias por miedo a contagiarse. Además, el retraso en las pruebas diagnósticas y tratamientos especializados, como resonancias, radioterapia, etc implica, como hemos dicho en el punto 2, tratar enfermedades como el cáncer en un estadio más tardío, con todo el impacto sobre el pronóstico, la complejidad y la recuperación que ya hemos comentado. 

La combinación de estos tres elementos supone una presión insostenible en el medio plazo sobre el sistema sanitario. Y ante esta situación, si alguien piensa que la solución o la respuesta política, el “programa de rescate de los ciudadanos”, es estatalizar el sistema sanitario, vive en otro mundo. En otra galaxia más bien. Incluso algunos hablan de una industria farmacéutica pública y nacionalizar las farmacias… No me cansaré de repetir que lo que tenemos que hacer es buscar la suma de recursos, el consenso y la coordinación entre las organizaciones y administraciones, para dar una solución a los problemas de hoy, que son una amenaza real a la atención sanitaria del mañana. Y me refiero al “mañana” literal, porque el tiempo va en nuestra contra. Espero que los responsables políticos y sanitarios de España sean conscientes de esta realidad, porque la imagen que transmiten -que no digo que sea la verdadera, sino la que se refleja- es la de quienes ponen por delante escaños, liderazgos efímeros y juegos de poder antes que la salud de los ciudadanos. 

Es triste que a estas alturas del siglo XXI y después de lo sufrido con la pandemia, los dirigentes políticos no sean capaces de hablar con normalidad de la colaboración con el sector privado para hacer frente a esta tragedia. No puedo comprender que con lo que estamos viviendo haya quien piense que, en lugar de hacer un reconocimiento público al trabajo de todos los profesionales, se considere a la Sanidad privada por detrás de la pública, a la hora de vacunar a sus profesionales y de reconocer su labor. El verdadero servicio público es aportar soluciones a los problemas reales de los ciudadanos, para mejorar su bienestar y calidad de vida. Todo lo demás es secundario. Me gustaría pensar que los políticos, al menos, han aprendido esto durante la tragedia que estamos viviendo.


Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

Poner apellidos en la Sanidad es un error

28 enero, 2021 • By

Esta es la primera entrada al blog de este 2021 y aunque la mayoría teníamos la esperanza de que el año hubiera empezado mejor, lo cierto es que esta pandemia nos lo está poniendo difícil. Como ha descrito muy acertadamente la presidenta del Colegio de Médicos de Valencia, esto no es una ola, es una pared vertical. 

Y yo añado: es imposible afrontar un reto como el de esta pandemia sin orden ni planificación ni una correcta gestión por parte de nuestras autoridades que, además, siguen sin contar con los clínicos para tomar las decisiones. Parece que tienen más peso algunos debates públicos que la muerte de cientos de personas cada día, el terrible dato que estamos sufriendo en las últimas semanas.

Casi un año después del inicio de esta crisis sanitaria, social y económica sin precedentes, nuestros dirigentes continúan sin creerse la importancia de sumar y aunar esfuerzos y reforzar la coordinación entre los recursos públicos y privados. Una vez más, parece que prefieren poner camas en el hall de los hospitales, en las capillas o los pasillos de Urgencias en lugar de sentarse y planificar conjuntamente con todos los agentes de la Sanidad la mejor forma de atender a los pacientes Covid, pero también a los no Covid que no pueden o no deberían esperar más. Es importante recordar que, tras un año de pandemia, las listas de esperas son insoportables en muchos hospitales. Estamos hablando de la salud de las personas.

Tengo la sensación a veces de que poner un paciente en una cama de hospital privado se valora menos que ponerlo en la cafetería de un hospital público. Y me resulta inaudito que alguien puede siquiera cuestionarse qué es mejor para ese paciente. 

Este tipo de situaciones son las que, en mi opinión, nos tiene que hacer reflexionar sobre lo que no se está haciendo bien por parte del sector pero también de la sociedad en general, sobre todo si dejamos que ocurran estas cosas que no deberían ocurrir. Ni siquiera tendrían que plantearse. No se pueden cerrar los ojos ante situaciones que no tienen excusa. Por no hablar de los hospitales de campaña que se han puesto en marcha en la Comunidad Valenciana y que no me voy a extender en criticar. Solo hace falta oír lo que han dicho los pobres pacientes que estuvieron ingresados allí. Pero la conclusión es que, por desgracia, nuestros gobernantes llevan un año tomando decisiones tarde y mal, invirtiendo en chapuzas que no mejoran la atención sanitaria de los ciudadanos ni el trabajo de los profesionales y malgastando y despreciando recursos que el sector privado ha puesto a su disposición desde el principio.

Y enlazo esa predisposición de la Sanidad privada y de sus profesionales con otro gesto de desprecio a este colectivo, tan profesional y vocacional como el que trabaja en los centros públicos. Me refiero al proceso de vacunación. No hace falta ser un experto en la materia ni gestionar un grupo sanitario para darse cuenta de que ni la organización, ni la logística de la vacunación está siendo buena por parte de las autoridades competentes. Y me sorprenden muchas cosas: desde la falta de previsión hasta la nefasta planificación y distribución de la vacuna, que en algunos puntos se malgaste una dosis por falta de agujas adecuadas y otras tantas cosas más. Pero me vuelve a sorprender, además, que se margine en el proceso de vacunación a los profesionales de la Sanidad privada, como si ellos no atendieran a pacientes Covid (y no Covid, que puede que estén contagiados cuando acuden a una consulta y no lo saben). Al menos, ha habido colegios de médicos que han exigido en los juzgados la vacunación de estos profesionales y tras concedérselo, los gobiernos lo han asumido como obligación… pero poniéndoles casi en el último lugar. Es inaudito. Todos los profesionales sanitarios, da igual dónde desempeñen su labor, son igual de valiosos. Hoy y siempre. Pero especialmente en el contexto de este virus. En una pandemia poner apellidos a la Sanidad es un gravísimo error.

E insisto en una idea fundamental. Tenemos que concentrar todo el esfuerzo en dos vías: garantizar la correcta atención sanitaria a todos los pacientes Covid y no Covid; y dar un impulso definitivo a la vacunación. Hay casos de éxito y ejemplos de unión de esfuerzos, recursos, personal e infraestructuras que han dado como resultado un porcentaje de vacunación muy elevado de la población, por ejemplo, Israel. 

Estamos a tiempo de reconducir 2021 y darle la vuelta  a unas previsiones que, a día de hoy no son optimistas. Pero yo quiero decir fuerte… ¡Entre todos, lo conseguiremos!


Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

Seguimos trabajando en positivo

14 octubre, 2020 • By

Carta abierta a los trabajadores del Departamento de Salud de Torrevieja.

Estimadas/os compañeras/os:

Como sabéis todos, ayer la consellera de Sanidad, Ana Barceló, confirmó, por desgracia, la decisión unilateral de la Generalitat de no extender el contrato del Departamento de Salud de Torrevieja con Ribera Salud.

Creo firmemente que es una mala decisión para los profesionales y para los ciudadanos de este área, y lo peor de todo es que me consta que en el Gobierno hay voces que piensan lo mismo, igual que en la sociedad civil.

Además, el Gobierno valenciano tiene los datos del precedente de la reversión a la gestión pública directa del Departamento de Salud de La Ribera, que en dos años ha triplicado su lista de espera, tiene a los profesionales en pie de guerra y les cuesta a todos los valencianos 80 millones más al año. Pero es que además, en el caso de Torrevieja, la decisión es aún más grave e incomprensible por la tremenda crisis sanitaria, económica y social que vivimos. Estamos en medio de una pandemia mundial y nuestros gobernantes van a permitir que sus urgencias políticas les quiten tiempo para lo importante: garantizar la mejor atención sanitaria a los ciudadanos.

El incomprensible anuncio de la consellera ayer no se justifica ni en términos de calidad ni de eficiencia, y mucho menos por resultados de salud. Porque este departamento es el mejor de la Comunidad Valenciana gracias al excelente trabajo, al compromiso y al esfuerzo de todos los que hacéis posible su día a día. Y no lo decimos nosotros. Lo dicen los informes oficiales y auditorías de la propia Generalitat: los pacientes son los más satisfechos, los que menos esperan y los que mejor atención reciben, por el compromiso real demostrado en planes de salud, inversiones, tecnología y recursos humanos y materiales. Y lo han ratificado organismos independientes que certifican la calidad de la atención que reciben los ciudadanos del área de Torrevieja, como la Joint Comission International.

Pero no os escribo para regalaros los oídos, porque nadie mejor que vosotros sabe la magnífica labor que habéis desempeñado y seguís desempeñando durante estos 14 años en una comarca tan especial, con población de muchas nacionalidades que sin duda en muchos casos condiciona su residencia a la calidad de la asistencia sanitaria que recibe. Y no dudéis de que lo que el Gobierno valenciano quiere hacer en este departamento se va a explicar en Europa y a las autoridades de las 138 nacionalidades que residen aquí, con datos y cifras.

Nuestra intención, como sabéis, era y es ampliar este compromiso con la comarca cinco años más. Por eso presentamos un plan de inversiones con propuestas claras, reales y consensuadas con los municipios, valoradas en 40 millones de euros. Y por eso también firmamos recientemente un nuevo convenio colectivo, con condiciones en materia de conciliación, igualdad, formación, carrera profesional y promoción interna que ningún otro hospital público de la Comunidad Valenciana tiene.

Si vuestra actitud y compromiso durante 14 años ha sido espectacular, la respuesta que habéis dado durante los meses más duros de esta pandemia y que seguís dando a día de hoy confirma que vosotros sois el principal valor de Ribera Salud. Y aprovecho para reiteraros mi gratitud y admiración. Pese a lo que algunos intentan extender, esta crisis ha demostrado que la colaboración público privada es fundamental, y que solo juntos superaremos esta situación tan compleja.

No voy a engañaros. Tras el anuncio de ayer comienza una etapa de incertidumbre en la que todos tenemos muchas preguntas y la Consellería de Sanidad apenas tiene respuestas. Esta es la realidad.

Pero en esta carta quiero transmitiros confianza, esperanza y perseverancia. Vamos a seguir demostrando que somos un gran equipo y que no renunciamos a dejar de velar por la salud de los ciudadanos con los mejores profesionales, la tecnología más avanzada y la máxima garantía de seguridad para vosotros, mientras realizáis vuestro trabajo.

Recordad que el futuro no está escrito. Quién nos iba decir hace 8 meses que íbamos a vivir un confinamiento de meses por un virus y que aún a día de hoy estaríamos viviendo una pandemia mundial. Nadie sabe dónde o cómo estaremos dentro de un año.

Yo me comprometo a seguir trabajando en positivo, buscando la unión de fuerzas y recursos, públicos y privados, para garantizar que los ciudadanos tienen la Sanidad que merecen y los profesionales continuáis con vuestra labor con todos los medios necesarios, las máximas garantías y la certeza que, como hemos visto en Alzira, otros no os pueden dar. Me resisto a creer que el mensaje de unidad y el llamamiento a la colaboración público privada del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, el pasado 9 d’Octubre, haya quedado en palabras huecas apenas cinco días después.

Todos esperábamos que este día no llegara pero ha llegado. Os pido paciencia y confianza y os animo a seguir poniendo en valor el trabajo, compromiso y vocación de servicio público del que siempre hemos hecho gala en Ribera Salud.

Un abrazo y estamos todos juntos en esto.


Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

El reto de la transformación digital

17 septiembre, 2020 • By

Basándome en mi intervención durante el I Simposio Observatorio de la Sanidad, organizado por el diario El Español el pasado 10 de septiembre, me gustaría compartir aquí algunas de las reflexiones que tuve la oportunidad de hacer en este interesante foro, concretamente en la mesa dedicada a la transformación digital.

Cuando hablamos de transformación digital, del sistema sanitario y de los retos a los que nos enfrentamos, tenemos que hacer un diagnóstico que va más allá de esta crisis originada por el COVID.

Las macrotendencias del sector Salud están ahí. Tenemos una sociedad cada vez más envejecida, y hablamos de la cronicidad de enfermedades precisamente como consecuencia de ese envejecimiento de la población. Además, hay otros tres elementos o factores que debemos saber orientar en la dirección adecuada o reconducir, para garantizar la sostenibilidad y calidad de nuestro sistema sanitario. Me refiero a la introducción de nuevas tecnologías sanitarias y de la información, la escasez de profesionales sanitarios y la inadecuación de la formación y experiencia de los profesionales sanitarios actuales a la demanda que ya hoy tiene la sociedad.

Empecemos por el principio, por el eje que debería guiar el presente y el futuro de nuestra Sanidad. La transformación digital tiene que ser la palanca del sistema.

Además, cuando hablamos de envejecimiento de la población deberíamos poner sobre la mesa cómo vamos a articular el espacio sociosanitario que tan tensionado ha estado (y está) en esta pandemia. Pero no tenemos que quedarnos ahí, ni conformarnos. Hay que buscar soluciones.

Las residencias deberían tener una mayor coordinación con el sistema sanitario, que permita a los profesionales hacer un seguimiento de los residentes, sobre todo por parte de los profesionales de Atención Primaria. Las residencias no tienen que ser mini hospitales, pero el Sistema Sanitario sí que debe crear los mecanismos que permitan hacer un seguimiento exhaustivo de la salud de nuestros mayores, que son las personas más frágiles de la sociedad y anticiparse a los riesgos.

Al abordar la cronicidad de muchas enfermedades, en gran parte por ese envejecimiento de la población y también por el gran avance en los tratamientos, es fundamental hablar de integración de los diferentes niveles asistenciales: desde la atención primaria a la hospitalaria, pasando por la sociosanitaria y la atención domiciliaria. Todos los actores del sistema tenemos que compartir una visión común y plantear estrategias de acción comunes.

Porque de lo que no cabe duda es de que vamos hacia un modelo más predictivo y preventivo. Es importante ir por delante de las circunstancias, adelantarnos a los problemas de salud de los ciudadanos, prever la evolución de su enfermedad… Y en ese sentido, la atención primaria tiene que jugar un papel fundamental en el sistema. Porque vamos hacia un sistema que además de curar tiene que cuidar y acompañar a las personas en todas las etapas de su vida.

¿Y cuál debe ser el nuevo rol de los profesionales en este modelo? A través de estos procesos de transformación digital en los que estamos trabajando todas las organizaciones del sector, tenemos que facilitar al profesional que se desligue de las tareas más burocráticas y se centre en lo que más valor genera al ciudadano, que es una mejor atención, y también le reporta a él más satisfacción y reconocimiento. Y para ello, debemos salir del concepto de hospital tradicional para acercarnos al domicilio, trabajando de la mano de la atención primaria, y de esta forma, ver la Sanidad de otro modo, con una visión más holística.

Para afrontar estos problemas y facilitar nuevas soluciones la transformación digital es una plataforma fundamental y un aliado del cambio en el modelo de salud, más allá del COVID.

Y estos cambios y la necesaria evolución del sector tienen un único objetivo: la ciudadanía. Porque las personas van a jugar un papel protagonista en esta transformación. Si alguien nos hubiera dicho el 1 de marzo que íbamos a estar en cuarentena no solo nosotros, también nuestras empresas y el mundo entero, y que íbamos a ser capaces de adaptar nuestras organizaciones a trabajar desde casa en apenas 15 días, no nos lo hubiéramos creído. Pero fuimos capaces de hacer eso y mucho más, organizaciones y personas. Y esto nos tiene que dar esperanza, porque el protagonismo de esta transformación la tiene que asumir el ciudadano.

Algunos dicen que no hay cultura digital en la población… Es posible que no sepamos cómo funcionan los componentes internos de un móvil o un ordenador. Pero todos sabemos que si queremos llegar a una ubicación, saber el tiempo que va a hacer o estar en comunicación con nuestro seres queridos, el móvil, la tecnología en definitiva, es indispensable. Y eso también es cultura digital. Sin ella, no habríamos sobrevivido.

Creo firmemente además que esta transformación digital va a empoderar al ciudadano, haciéndolo aún más protagonista de su propia gestión de la salud, y transformando el sistema en uno más democrático, abierto y eficiente.

La tecnología, además, nos hace más transparentes, y eso genera confianza. Y dentro del concepto británico de responsabilidad (accountability, rendición de cuentas) la digitalización es clave, porque la transparencia nos hace más responsables.

Con todo ello, tenemos que ser capaces de hacer más cosas y también mejores cosas.

No podemos olvidarnos de que la transformación digital ayuda a las estrategias a largo plazo en el sistema de Salud, y esto me gustaría unirlo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, donde el objetivo 3 es Salud y Bienestar. Creo que son estos conceptos hacia los que tenemos que ir todos los agentes que trabajamos en el sistema. Pero además, el objetivo 17 es la alianza entre instituciones. Y yo añado, entre instituciones públicas y privadas. Porque el objetivo es erradicar la pobreza y generar bienestar a nuestros ciudadanos y no hay que anteponer a estos grandes objetivos matices, posicionamientos políticos o caprichos personales que puedan suponer un obstáculo para alcanzar estos objetivos en todo el planeta.

En estas jornadas se están poniendo de relieve que la innovación va vinculada a la colaboración público privada, donde podemos encontrar a la industria farmacéutica, las grandes compañías del sector sanitario que participan en este simposio y a las instituciones. Todos tenemos que trabajar en objetivos comunes, hablar de nuevos modelos de relación entre el pagador, ya sea público (como el Estado o las comunidades autónomas) o privado (como las compañías de seguros), y los proveedores de todo tipo (industria, farmacia, hospitalarios y profesionales) y, además, replantear la relación del financiador con el ciudadano. Tiene que surgir una nueva relación. Debemos poner sobre la mesa la necesidad de compartir estrategias y planes, y cambiar la relación avanzando hacia modelos de riesgos compartidos, para que entendamos la misión de todos.

Y acabo con una reflexión sobre esta crisis sanitaria del COVID, que nos acompaña hace ya seis meses, y que se prevé siga con nosotros algún tiempo. Se ha demostrado que ante una crisis de esta magnitud tendríamos que haber trabajado aún más juntos, con más sinergias de lo que lo hemos hecho hasta ahora… Espero que hayamos aprendido la lección y que todos seamos conscientes de que sin sumar, sin trabajar de forma consensuada, vamos a tener muchas dificultades para superar esta situación, no solo en el ámbito sanitario sino también social y empresarial. Esta es la lección más importante que debemos quedarnos de la pandemia.